Según la RAE, la arquitectura es el ❝arte de proyectar y construir edificios❞. Es claro que esta definición queda corta para englobar todo lo que conlleva la arquitectura, que es tanto una disciplina técnica como un arte por sí misma. 

Al ser el encargado de transformar y diseñar espacios y edificaciones, el arquitecto tiene la misión de encontrar el equilibrio entre la utilidad y la belleza estética, a la vez que garantiza que se cumplan las necesidades y las demandas de la sociedad. 

La arquitectura surge de la necesidad de la sociedad, que se traduciría, en su aspecto más primitivo, en la necesidad de abrigo y comodidad. Es por ello que la arquitectura es tan cambiante como la sociedad misma y es inmensamente útil para reflejar el comportamiento humano y las diferencias culturales tanto del pasado como del presente. 

En definitiva, la arquitectura es una fuerza transformadora de nuestro entorno y de la sociedad como un conjunto. Es por eso que un arquitecto no solo crea un espacio sino que tiene el poder de alterar la vida de los que lo habitan. Este poder conlleva la gran responsabilidad de asegurar un equilibrio con la naturaleza. Es por esta razón que un arquitecto debe aprender a diseñar en colaboración con la naturaleza, nunca en su contra.